Las Lagunas de Ballesteros se secan en verano, y es normal

En pleno verano, buena parte de las cubetas de las Lagunas de Ballesteros muestran el fondo agrietado y la vegetación amarilleando al sol, mientras otras conservan su lámina de agua. Lejos de ser una mala señal, ese contraste es exactamente lo que cabe esperar de un humedal como este.
Ballesteros no es un lago que deba estar lleno todo el año. Es un complejo de más de treinta lagunas de origen kárstico, y conviven en él dos comportamientos distintos. Alrededor de quince dolinas conservan agua de forma semipermanente o permanente, porque conectan con el acuífero. El resto son temporales, se llenan con las lluvias de finales de invierno y primavera y se van secando a medida que avanza el calor. Ese vaivén entre el agua y la sequía, que hace que el paisaje cambie según la época del año, es parte de su identidad.
Ese ciclo, además, sostiene una fauna y una flora muy particulares. Hay plantas e invertebrados adaptados precisamente a esas condiciones cambiantes, que aprovechan la inundación temporal para completar su ciclo y resisten después la desecación. Un humedal mediterráneo temporal que estuviera siempre encharcado dejaría de ser lo que es y perdería buena parte de las especies que lo caracterizan. Por eso el hábitat de lagunas temporales mediterráneas está considerado prioritario a escala europea.
Conviene distinguir aquí dos tipos de sequía muy diferentes. Una es la estacional, la natural, la que se ve ahora en verano en las cubetas temporales y que el humedal necesita. Otra, la que sí preocupa, es la desecación artificial, la que provocan los canales de drenaje que sacan el agua del sistema y la extracción de agua subterránea para el riego. Esa segunda sequía no responde al ritmo de las estaciones, sino que vacía el humedal por debajo, reduce sus niveles y hace que las cubetas temporales apenas lleguen a inundarse. A lo largo del último siglo, ese proceso ha dejado el hábitat de lagunas temporales reducido a una mínima parte de lo que fue.
Ahí está el trabajo del proyecto LIFE, en devolverle a Ballesteros su ciclo natural del agua. Retirando drenajes, recuperando la topografía original y reduciendo la presión sobre el acuífero, el objetivo es que la llanura de inundación vuelva a llenarse y a vaciarse a su debido tiempo. La meta no es que haya agua siempre, sino que la haya cuando toca. El fondo seco que se ve ahora en muchas cubetas no es un final, sino una pausa a la espera de las lluvias.


